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Alcohol: ¿Cómo afecta a los receptores del cerebro?
viernes 11 de enero de 2019

Alcohol: ¿Cómo afecta a los receptores del cerebro?

El tomar alcohol no sólo puede conducir a equivocaciones, sino que perjudica las estructuras del cerebro que inhiben el deseo de beber. El Dr. Juan Pedro Sapéne, miembro del Servicio de Psiquiatría y Psicología y especialista en Tratamiento de Adicciones de Grupo Gamma, brinda información sobre los efectos de esa sustancia en los receptores cerebrales.


En términos simples el alcohol afecta a dos subtipos de receptores de dopamina. Unos convencen que es una buena idea comenzar a tomar (a esos los hace más fuertes) y debilita a los del segundo tipo. Los cuales, indican que es tiempo de parar. Lo cual, permite comprobar que cuanto más frecuentemente bebemos, mayor será el efecto que nos produce.

Nada condiciona y predispone mejor para tomar otra copa que el beberla. Como es sabido, el alcohol libera dopamina. Un neurotransmisor en el cerebro que nos informa, recuerda y concluye que esa sustancia, consumida en un contexto determinado, será “fundamental” para nuestra supervivencia. Por eso, al desarrollar una adicción, se da más importancia a la recompensa que el alcohol provoca.

A pesar de que esto mismo se conoce desde algunos años, últimamente ha sido revelado un estudio. Los receptores específicos de dopamina pueden adaptarse cuando se exponen a cantidades elevadas de esa misma dopamina. Generando que reaccionen más rápidamente a las sustancias químicas o al alcohol.

Los receptores específicos de dopamina pueden adaptarse cuando se exponen a cantidades elevadas de esa misma dopamina.

Alcohol y los receptores: “ir” ó “no ir”

Tenemos cinco clases de receptores de dopamina, pero los que nos ocupan aquí son los D1 y D2. Los primeros, son los receptores que indican o condicionan a “ir”, “hacer”, o llevar adelante una acción determinada. Señales hacia adelante, favoreciendo una conducta determinada.

Por otra parte, los receptores D2 se caracterizan por conducir a decisiones como “no ir”, “detenerme” o no llevar adelante una determinada conducta. Es decir que estos subtipos inhiben las señales y nos permiten detener o hacer retroceder mis impulsos.

El balance entre ambos receptores, ayudará a detener el impulso de volver a beber una copa. Pero, la exposición a estimulantes poderosos, como alcohol o drogas, los receptores D2 tienden a desactivarse y a funcionar en menor medida.

La exposición a estimulantes poderosos, como alcohol o drogas, los receptores D2 tienden a desactivarse y a funcionar en menor medida.

En un estudio reciente, los ratones expuestos al alcohol tenían mayor cantidad de receptores de tipo D1. No sólo eso, sino que eran receptores más maduros. Haciéndolos más propensos a generar una respuesta de mayor activación y estimulación, como la provocada por la bebida. Cuanto más bebían, mayor deseo de beber mostraban. En un segundo experimento se demostró que los receptores de tipo D2 que inhiben la conducta eran más débiles y no funcionaban bien. Lo cual, generó ratones alcohólicos muchos más vulnerables.

Mayor potencia para los D2

En otro estudio, intentaron fortalecer la actividad de los receptores D2. Eso mismo, motivó que los animales de experimentación bebieran menos, mientras que, si estimulaban o fortalecían a los receptores D1, bebían más. Este tipo de manipulación, también puede ser eficaz en las personas, pero, al momento, está lejos de ser posible.

Por otra parte, en otros estudios, los receptores D2 eran menos reactivos y se expresaban mucho menos. No sólo en pacientes con dependencia al alcohol (seres humanos y no sólo de animales de experimentación), sino en pacientes con adicción a las drogas y a la comida. En todos estos casos, se visualizaron problemas en el balance de estos dos receptores también.

Así que el beber, usar drogas o comer compulsivamente generan que esas conductas se experimenten como más placenteras. Lo cual conduce a que la persona atribuya, erróneamente, que son centrales para su supervivencia. Los frenos a las conductas impulsivas y al consumo de drogas o alcohol, mediados por los receptores D2, dejan de funcionar o lo hacen muy deficientemente. Lo cual se debe al daño que el consumo de alcohol y drogas produce, impidiendo que la persona con adicción pueda detener el consumo o elegir en su propio beneficio.

Al beber, usar drogas o comer compulsivamente los frenos a las conductas impul-sivas y al consumo de drogas o alcohol, mediados por los receptores D2, dejan de funcionar o lo hacen muy deficientemente.

Al estar estos dos circuitos de receptores tan modificados, las personas con adicción son expuestas ante un ciclo destructivo: cada día el consumo empeora y profundiza. Por eso, tomar “poco” o usar “drogas blandas y no duras”, no harán más que perpetuar el circuito adictivo. Permitiendo continuar con los cambios en la estructura y funcionamiento de los receptores del cerebro. Por ende, la persona cuenta con una menor capacidad para tomar decisiones que la favorezcan.

Con la abstinencia y la sobriedad prolongadas, la capacidad del sistema nervioso para sanar y reconstruirse hará que el balance pueda restablecerse. Las recompensas naturalmente placenteras vuelvan a experimentarse como tales. Por otra parte, la inhibición de las conductas impulsivas y destructivas también irán mejorando. Lo que facilitará que la persona en recuperación tome mejores decisiones a medida que el tratamiento avance.

Con la abstinencia y la sobriedad prolongadas, la capacidad del sistema nervioso para sanar y reconstruirse hará que el balance pueda restablecerse.

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