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Muerte súbita: ¿se puede prevenir?
Martes 22 de abril de 2014

Muerte súbita: ¿se puede prevenir?

La Clasificación Internacional de Enfermedades, define la muerte súbita cardíaca (MSC) como la muerte debida a cualquier cardiopatía que ocurra fuera del hospital, en una unidad de urgencias o a un individuo declarado muerto a la llegada al hospital.

Además, la muerte debe ocurrir antes de transcurrida una hora (1) de la aparición de los síntomas. La muerte súbita cardíaca puede deberse a fibrilación ventricular, asistolias o causas no arrítmicas.

Se estima que la incidencia anual de muerte súbita cardíaca en el mundo ronda entre 4 y 5 millones de casos.

 

La muerte súbita cardíaca continúa siendo un problema de salud pública no resuelto, y ello se debe a diversas razones. En primer lugar, aunque la mortalidad cardíaca total se ha reducido en la última década, la proporción y el número absoluto de casos de muerte súbita cardíaca han aumentado. En segundo lugar, a pesar de los amplios esfuerzos realizados, la supervivencia tras una parada cardíaca súbita continua siendo baja y no ha mejorado significativamente en las últimas décadas. Por estas razones, recientemente los esfuerzos se han centrado en la prevención.

Aproximadamente el 12% de todas las muertes naturales ocurren repentinamente, y un 88% de ellas son de origen cardíaco. Es el modo de fallecimiento para más del 50% de los pacientes con cardiopatía coronaria y es la primera manifestación de cardiopatía en un 19-26% de los casos.

Existen dos picos bien establecidos en la prevalencia de muerte súbita coronaria relacionada con la edad; uno ocurre en la lactancia y se refiere al síndrome de muerte súbita del lactante y el segundo se observa en la población geriátrica, entre los 75 y 85 años.

En el primer año de vida, las causas más comunes son las lesiones cardíacas congénitas y las miocarditis, aunque existe un grupo todavía inexplicado, llamado síndrome de muerte súbita (MS) del lactante, probablemente multifactorial, que incluye, entre otros, casos de arritmias primarias como el síndrome de QT largo, el síndrome de Brugada y el síndrome de QT corto. La muerte súbita del lactante es rara, y representa sólo el 10% de la mortalidad pediátrica después de 1 año de edad.

Entre el 1 año  y los 30 años de edad, además de las enfermedades eléctricas primarias, la muerte súbita se debe básicamente a las enfermedades orgánicas del corazón, como la miocardiopatía hipertrófica, la miocardiopatía dilatada, la displasia arritmogénica del ventrículo derecho, las anomalías congénitas de las arterias coronarias y prácticamente todas las cardiopatías congénitas (estenosis aórtica, tetralogía deFallot, transposición de grandes arterias, obstrucción vascular pulmonar).

En los individuos mayores a los 35 años de edad la enfermedad coronaria (EC) sola o acompañada de alguna miocardiopatía es la causa principal de muerte súbita.

La muerte súbita se debe a una multitud de causas que varían con la edad. Las enfermedades estructurales o miocardiopatías y las arritmogénicas o canalopatías, de gran heterogeneidad genética y fenotípica, son la causa más frecuente en sujetos jóvenes (menores de 40 años), mientras que la enfermedad coronaria continúa siendo la causa más frecuente a mayor edad.

El principal problema de estas enfermedades, es que causan la muerte súbita en individuos previamente asintomáticos en los que la muerte súbita cardiaca es la primera manifestación de la enfermedad en un alto número de casos. Por consiguiente, y dado que se trata de enfermedades hereditarias, hay un elevado riesgo para los familiares que, pese a permanecer asintomáticos, podrían ser portadores de variantes genéticas de riesgo.

Las estrategias para la prevención pasan por reconocer las enfermedades que pueden acabar en una muerte súbita. Las revisiones cardiológicas no invasivas simples (anamnesis haciendo especial hincapié en la historia familiar, exploración física y ecocardiograma) pueden permitir que se sospeche una de estas enfermedades y, por lo tanto, primero confirmar el diagnóstico utilizando las pruebas necesarias (ecocardiograma, resonancia magnética, prueba de esfuerzo, cateterismo, etc.) y después tomar las medidas preventivas adecuadas.

Desgraciadamente, en muchos casos debemos realizar las confirmaciones diagnósticas una vez que el paciente ha fallecido. En este caso, el interés está determinado por la necesidad de excluir la posibilidad de que se trate de una enfermedad transmisible genéticamente y que ponga en riesgo a otros miembros de la misma familia.

La muerte súbita cardíaca es, por lo tanto, multifactorial y cualquier estrategia para combatirla requiere de un enfoque integral. Necesitamos saber las causas, identificar a los pacientes con riesgo de sufrirla (las campañas de reconocimientos simples a gran escala pueden ayudar, pero requieren la complicidad de las administraciones), necesitamos encontrar tratamientos adecuados en cada caso y precisamos concientizar a la población de que la muerte súbita es evitable.

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