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Después de los 50, el deseo no se jubila: cómo cambia la sexualidad y por qué seguimos hablando tan poco de ella

En el Día Mundial de la Salud Sexual, hablamos sobre cómo cambia la sexualidad después de los 50 y por qué el deseo, el placer y la intimidad siguen siendo parte de la salud y el bienestar.

Después de los 50, el deseo no se jubila: cómo cambia la sexualidad y por qué seguimos hablando tan poco de ella

Cumplir 50, 60 o 70 años no significa dejar de ser una persona sexuada. Sin embargo, todavía existe una idea muy instalada de que el deseo, el erotismo y la intimidad pertenecen principalmente a la juventud. Como si, después de determinada edad, la sexualidad desapareciera o dejara de ser un tema de salud.

Pero la sexualidad no tiene fecha de vencimiento, y más aún teniendo en cuenta la alta expectativa de vida que tenemos en la actualidad.

La Organización Mundial de la Salud considera que la sexualidad es un aspecto central del ser humano a lo largo de toda la vida y que la salud sexual incluye el bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad. No se limita a la ausencia de una enfermedad o de una dificultad sexual.

 

Entonces, ¿qué sucede después de los 50?

 

El cuerpo cambia, pero el deseo no necesariamente desaparece.

Con el paso de los años se producen modificaciones biológicas normales. En las mujeres, la transición menopáusica y la disminución de los estrógenos pueden asociarse con cambios en la lubricación, la respuesta genital, el confort durante las relaciones sexuales y, en algunas personas, el deseo. La menopausia también puede afectar el sueño, el estado de ánimo y el bienestar general, factores que indirectamente pueden influir en la sexualidad.

En los varones también pueden aparecer cambios progresivos en la respuesta sexual, particularmente en la erección, que pueden verse influenciados por la edad, las enfermedades cardiovasculares y metabólicas, determinados medicamentos y otros factores de salud.

Pero una dificultad física no significa que la sexualidad haya terminado. Muchas veces significa que hay una nueva sexualidad que necesita ser comprendida y, cuando corresponda, acompañada.

 

La menopausia no es el final de la vida sexual

 

Uno de los mayores errores es pensar que después de la menopausia las mujeres deberían resignarse a tener menos deseo, sequedad o dolor. La realidad es diferente.

La sequedad vaginal y el dolor durante las relaciones son problemas frecuentes después de la menopausia, pero no deberían naturalizarse como algo que simplemente “hay que soportar”. Existen diferentes alternativas terapéuticas y no todas son iguales ni adecuadas para todas las mujeres. La elección depende de los síntomas, los antecedentes de salud y las preferencias de cada persona.

Por eso, hacerse una pregunta tan sencilla como “¿cómo está tu sexualidad?” debería formar parte de una consulta de salud integral.

 

El deseo puede cambiar de forma

 

Otro mito frecuente es pensar que el deseo debería aparecer espontáneamente, como ocurría quizá a los 20 o 30 años.

A lo largo de la vida, el deseo puede estar influenciado por múltiples factores: el vínculo de pareja, el estrés, el sueño, la salud física, los medicamentos, la autoestima, los cambios hormonales, las experiencias previas y el contexto emocional. Por eso, en algunas personas el deseo puede hacerse menos espontáneo y más dependiente de la intimidad, el contacto y la estimulación.

No necesariamente hay menos capacidad de disfrutar. Puede haber otra manera de llegar al deseo. Y reconocerlo puede quitar mucha presión.

Cuando el cuerpo cambia, también puede cambiar la manera de experimentar el placer. Esto puede convertirse, lejos de ser una pérdida, en una oportunidad para descubrir otras formas de intimidad y de conexión.

 

Nuevos vínculos, nuevas preguntas

 

Después de los 50 también pueden aparecer nuevas relaciones. Separaciones, divorcios, viudez o simplemente el deseo de volver a enamorarse pueden abrir una etapa diferente de la vida afectiva y sexual. Y allí aparece otro tema del que hablamos poco: la prevención.

La menopausia elimina la posibilidad de embarazo una vez confirmada, pero no elimina el riesgo de infecciones de transmisión sexual. Las personas sexualmente activas pueden adquirir una ITS a cualquier edad. La OMS advierte específicamente sobre la necesidad de mantener la prevención y el acceso a los controles de salud sexual también después de la menopausia.

El preservativo, los testeos cuando corresponden y la conversación sobre salud sexual no deberían asociarse exclusivamente con la juventud.
 

 

¿Y cuándo hay que consultar?

 

Cuando aparece dolor, sequedad persistente, sangrado relacionado con las relaciones sexuales, dificultades de erección, disminución marcada o persistente del deseo, cambios que generan malestar o cualquier situación que afecte la calidad de vida sexual, consultar puede ser el primer paso para encontrar una solución.

También es importante revisar los medicamentos y las enfermedades crónicas, porque algunos tratamientos y condiciones de salud pueden interferir con la respuesta sexual.

Y hay algo fundamental: no todo problema sexual necesita una pastilla.

A veces la solución está en tratar un síntoma físico. Otras veces en modificar un medicamento, trabajar aspectos emocionales, mejorar la comunicación de pareja, incorporar recursos para favorecer el confort o simplemente contar con información adecuada. La sexualidad es compleja porque las personas también lo somos.

Quizás la pregunta no debería ser “¿hasta qué edad se tiene sexo?”. Sino que deberíamos preguntarnos: "¿Por qué suponemos que una persona deja de tener deseo simplemente porque cumple años?"

La sexualidad no desaparece porque cambie el cuerpo. Puede transformarse. Puede adquirir otros tiempos, otras formas y otros significados.

Después de los 50 puede haber deseo, placer, enamoramiento, fantasías, intimidad y nuevos encuentros. Y también pueden existir dificultades. La diferencia está en que esas dificultades no tienen por qué ser aceptadas como una consecuencia inevitable de la edad.

Hablar de sexualidad en la adultez es también hablar de salud, autoestima, vínculos y calidad de vida. Porque cumplir años no debería significar dejar de ser una persona sexuada.

El deseo no se jubila. Y el derecho a disfrutar tampoco.

 

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