Dermatitis atópica, un problema frecuente
La dermatitis atópica es una de las afecciones cutáneas más frecuentes, y puede aparecer desde la primera infancia o manifestarse por primera vez en la adultez. Conocer sus causas, cómo se presenta y qué opciones de tratamiento existen es el primer paso para manejarla mejor y mejorar la calidad de vida de quienes la padecen.

¿Qué es y por qué se produce?
La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que provoca picor intenso, sequedad extrema y brotes de eccema. Se origina por la combinación de factores genéticos y ambientales que interactúan de manera compleja, y que actúan principalmente de dos formas. Por un lado, la barrera natural de la piel se altera: falta de lípidos y agua hacen que pierda hidratación y se manifieste como una piel seca y más vulnerable. Por otro lado, el sistema inmunitario se vuelve hiperactivo y reacciona de manera exagerada ante distintos estímulos, generando inflamación, enrojecimiento y picazón.
¿Qué puede desencadenar un brote?
Distintos factores externos pueden activar o empeorar un brote de dermatitis atópica: la exposición a pólenes, ácaros del polvo, moho, caspa de mascotas o humo de tabaco; el contacto con jabones, detergentes o fragancias; el calor y la transpiración; y el estrés, que puede activar o agravar los síntomas inflamatorios.
Es una enfermedad común en los niños pequeños, aunque puede manifestarse a cualquier edad. Se trata de una condición duradera (crónica) que suele empeorar de forma periódica, por brotes, y las personas que la padecen pueden presentar también alergias alimentarias, rinoconjuntivitis o asma.
¿Cómo se manifiesta?
Los síntomas pueden comenzar en bebés de entre 2 y 6 meses, continuar durante la adolescencia o incluso persistir en la edad adulta. A menudo hay antecedentes familiares de afecciones alérgicas, como asma, rinitis o eccema.
La ubicación de las lesiones cambia según la edad: en los bebés, el eccema suele aparecer en zonas salientes de la cara, como los pómulos, y en las superficies extensoras de brazos y piernas. Durante la infancia y la adolescencia, la erupción se ubica con más frecuencia en los pliegues, como la parte interna de los codos y detrás de las rodillas. En los adultos, en cambio, las lesiones pueden limitarse a las manos, los párpados y los genitales.
Durante un brote, la piel atraviesa distintas etapas. Primero aparece enrojecimiento junto con picazón; luego se forman pequeñas ampollas que suelen romperse por el rascado. A continuación, la zona puede exudar un líquido claro, lo que aumenta el riesgo de infección y lleva a la formación de costras. Finalmente, en la etapa de curación, la picazón y el enrojecimiento disminuyen y las costras y escamas se desprenden.
La picazón suele intensificarse durante la noche, lo que puede dificultar el sueño, y tiende a agravarse con la transpiración, el estrés o el contacto con ropa de lana o materiales sintéticos. Además, el rascado crónico puede engrosar la piel con el tiempo, dando lugar a lo que se conoce como neurodermitis o liquen crónico simple, una condición que genera mucha picazón.
Las personas con dermatitis atópica también pueden presentar otros signos característicos, como ojeras, menor cantidad de vello en las cejas o pliegues más marcados en las palmas de las manos. A esto se suman la sequedad general de la piel, la inflamación de los labios (queilitis) y una mayor tendencia a infecciones cutáneas, especialmente por estafilococo aureus o herpes simple, así como a moluscos contagiosos y verrugas, debido a que la barrera de la piel y su microbioma se encuentran alterados.
¿Cómo se diagnostica?
El diagnóstico de la dermatitis atópica es clínico, es decir, se basa en la evaluación del especialista más que en un único estudio. Para llegar a él, se tienen en cuenta la presencia de picazón, las características de las lesiones y en qué zonas del cuerpo aparecen, el hecho de que se trate de un cuadro crónico y recurrente, y los antecedentes personales y familiares de alergias. Además, en muchos pacientes se observa un aumento de la inmunoglobulina E en los análisis de sangre.
¿Cómo se trata?
El tratamiento se define según la gravedad de la enfermedad, la extensión de la piel afectada, la intensidad de la picazón y su impacto en el sueño. En general, se recomienda cuidar la piel con baños cortos y productos que reemplacen al jabón tradicional, junto con el uso diario de emolientes que ayuden a mantenerla hidratada. También es importante tratar las infecciones cuando aparecen, y evitar aquellos factores que puedan desencadenar un brote, como la transpiración excesiva, los maquillajes, esmaltes, perfumes o la ropa sintética. Según cada caso, el médico puede indicar corticoides tópicos, inhibidores de la calcineurina como tacrolimus o pimecrolimus, fototerapia, o tratamientos sistémicos como antihistamínicos, corticoides, metotrexato o biológicos.
Si notás signos compatibles con dermatitis atópica o los brotes afectan tu día a día, no dudes en consultar con un especialista: un diagnóstico temprano y un tratamiento adecuado marcan la diferencia. Informarte es el primer paso para cuidar tu piel y tu bienestar.


