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A partir del caso de Denisse González, ¿Qué es la trombocitopenia y cómo se diagnostica?

El diagnóstico de trombocitopenia que reveló Denisse González generó mucha conversación en las redes sociales en las últimas semanas. A raíz de las dudas que dejó su caso, abordamos el tema para entender qué es esta condición, por qué hace bajar tanto el nivel de plaquetas y en qué situaciones requiere tratamiento.

A partir del caso de Denisse González, ¿Qué es la trombocitopenia y cómo se diagnostica?

La trombocitopenia es un trastorno de la sangre frecuente, que consiste en tener menos plaquetas de las que corresponde: menos de 100.000 por microlitro de sangre. Puede aparecer sola o como consecuencia de otra enfermedad, y también se clasifica según cuánto tiempo lleva la persona con ese valor bajo: se considera reciente cuando tiene menos de tres meses de evolución, persistente cuando dura entre tres y doce meses, y crónica cuando ya pasó más de un año.

 

¿Siempre da síntomas?

 

No necesariamente. En muchos casos, el diagnóstico aparece de casualidad, cuando se hace un análisis de sangre de rutina o cuando el médico observa la muestra al microscopio para contar las plaquetas a mano. Si el descenso no es muy marcado, la persona puede no notar nada.

 

El riesgo de sangrado

 

Las plaquetas son las encargadas de taponar cualquier herida y frenar el sangrado apenas se produce. Por eso, cuando hay menos plaquetas de las necesarias, aumenta el riesgo de sangrar, algo que suele notarse en la boca, en las mucosas, en la nariz o, en el caso de las mujeres, como un aumento del sangrado menstrual.

Sin embargo, no todas las personas con trombocitopenia sangran. Hay pacientes con valores muy bajos que nunca tuvieron más que una manchita en la piel (petequia) y otros con valores más altos que sí presentan sangrados. Esto depende de cada persona. El cuadro es un poco más frecuente en mujeres, aunque también puede ser que se detecte más fácil en ellas por el sangrado menstrual.

 

Mucho más que coagulación

 

Además de ayudar a frenar el sangrado, las plaquetas cumplen otra función: son las primeras en actuar cuando el cuerpo sufre un corte, un golpe o cualquier lesión, incluso antes de que entren en acción el resto de los elementos que forman el coágulo y lo hacen más firme.

 

¿Cómo se llega al diagnóstico?

 

El primer paso es un análisis de sangre común, pero un resultado bajo no siempre refleja lo que realmente pasa: a veces ocurre que el líquido que se usa para conservar la muestra hace que las plaquetas se agrupen entre sí y la máquina que las cuenta termina contando menos de las que realmente tiene la persona. Por eso, ante un valor bajo, siempre conviene confirmarlo mirando la muestra al microscopio.
 

 

¿En qué etapa de la vida aparece?

 

La trombocitopenia puede aparecer a cualquier edad, y la edad de la persona da una pista sobre su posible causa. En los más jóvenes suele estar relacionada con enfermedades autoinmunes, es decir, cuando las propias defensas atacan al organismo. En las personas mayores, sobre todo si además tienen anemia o bajan los glóbulos blancos, hay que pensar en otras causas, como enfermedades de la médula ósea o, en algunos casos, un origen oncológico.

 

Causas frecuentes

 

Son varias las situaciones que pueden hacer bajar las plaquetas:

  • Los tratamientos oncológicos: la quimioterapia suele hacer bajar las plaquetas como efecto secundario.
  • Las enfermedades del hígado, como la cirrosis, o el consumo excesivo de alcohol.
  • Las infecciones virales, una de las causas más comunes -entre ellas, la fiebre hemorrágica argentina, conocida popularmente como "mal de los rastrojos"-, y en menor medida las infecciones por bacterias.
  • Los problemas en la médula ósea, el lugar del cuerpo donde se fabrican las plaquetas, ya sea porque no se producen lo suficiente o porque no logran salir bien hacia la sangre.
     

Frente a un caso de trombocitopenia, el médico suele pedir análisis para descartar virus, revisar cómo está funcionando el hígado y, si hace falta, estudiar la médula ósea.

 

¿Puede ser hereditaria?

 

Sí, aunque en ese caso el diagnóstico es más difícil de confirmar. Habitualmente se descubre en la infancia y suele venir acompañada de otras alteraciones en el cuerpo que ayudan a sospechar que el origen es genético.

 

Distintos grados, distinto manejo

 

La gravedad de la trombocitopenia se mide según el recuento de plaquetas: se considera leve cuando es menor a 150.000, moderada cuando está entre 20.000 y 50.000, y severa cuando baja de 20.000. Muchas personas conviven durante años con valores un poco más bajos de lo habitual -entre 100.000 y 150.000- sin tener jamás un problema. Es necesario intervenir, sobre todo, cuando el recuento cae por debajo de 20.000 plaquetas, porque ahí aumenta el riesgo de sangrado y hace falta un control más de cerca.
Un valor muy bajo también condiciona otros procedimientos: por ejemplo, no es posible operarse con menos de 20.000 plaquetas sin antes elevar ese número, ya sea con una transfusión o con un tratamiento específico.

 

¿Cómo se trata?

 

El tratamiento de primera elección combina corticoides (antiinflamatorios) e inmunoglobulina -sobre todo si hay sangrado activo o riesgo de vida-, y en algunos casos se suman medicamentos que estimulan la producción de plaquetas. También existe la opción de un tratamiento llamado rituximab.
La transfusión de plaquetas, en cambio, se usa solo en situaciones puntuales: cuando hay riesgo de vida o antes de una cirugía. No se indica de manera habitual porque, si la causa es que el propio organismo ataca a sus plaquetas, también puede destruir las que se transfunden, con lo cual el efecto no dura.

 

Una alteración que requiere seguimiento, no siempre tratamiento

 


La trombocitopenia es un hallazgo frecuente en la consulta médica y, en la mayoría de los casos, no es una urgencia.

Conocer sus causas, identificar de qué tipo se trata y saber en qué momento hace falta intervenir son las claves para un buen manejo, sin subestimar los casos más severos ni tratar de más los casos leves.


 

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