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Superar un ACV y descubrir otro modo de vivir
martes 30 de octubre de 2018

Superar un ACV y descubrir otro modo de vivir

Grupo Gamma

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Los accidentes cerebrovasculares (ACV) son episodios repentinos que pueden generar graves secuelas e, incluso, la muerte. El diagnóstico precoz y acudir a un centro especializado, como el Hospital Privado de Rosario (HPR), es fundamental. Javier Herrera sufrió uno a sus 49 años y fue atendido de urgencia en Grupo Gamma. Tres años después, nos brinda su testimonio en la siguiente entrevista.


En del 2015, Javier Herrera (52) sufrió un accidente cerebrovascular y fue asistido por el Servicio de Neurología de Grupo Gamma, en la Unidad de Terapia Intensiva del Sanatorio Los Arroyos. En ese momento, él mismo reconoció que se trataba de un ACV.

Desde su ciudad, Pergamino, manejó hasta el Hospital Privado de Rosario (HPR), donde nos reunimos para la entrevista. A simple vista, se lo reconoce como un hombre amigable, de gestos suaves y cálidos. Su cara se ilumina al hablar de su esposa e hijos.

Es un hombre de hábitos: trabaja hace más de 32 años como técnico radiólogo y canta en la misma banda desde hace 20 años. Se nota su buen estado físico, se cuida en las comidas y practica el ciclismo desde los 12 años. A veces, incluso, realiza competencia en las montañas.

Aún le resulta increíble que, 10 días antes de cumplir sus 50 años, sufrió un ACV y hoy tenga una vida normal. Tranquilo en su hablar, pero muy predispuesto, responde nuestras preguntas.

¿Cuándo sufrió el ACV? ¿Qué recuerda?

J.H.: En el 2015 tuve un episodio repentino. Me ocurrió durmiendo, cuando me desperté tenía una parálisis en un brazo y la cara. No podía hablar bien, pero estaba consciente. Estaba con mi mujer, que pudo entender la situación y me acompañó a la clínica para hacer la tomografía computada. Ahí comenzamos los trámites para venir a Rosario. Por el modo brusco, me di cuenta de lo que padecía: un ACV.

“Me ocurrió durmiendo, cuando me desperté tenía una parálisis en un brazo y la cara.”

En ese momento, ¿Cómo lo diagnosticaron?

J.H.: Los accidentes cerebro vasculares pueden ser hemorrágico (cuando se rompe una arteria) o isquémicos (cuando se infarta o tapa una arteria). En mi caso, tuve un ACV isquémico. Para detectarlo, hicimos una tomografía en el acto. El diagnóstico precoz, en estos casos, es fundamental.

¿Cómo llega a Rosario para realizar el tratamiento?

J.H.: A través de mi hermano, que es médico, pude hacer la conexión con la Dra. Guadalupe María Bruera -Jefa del Servicio de Neurología de Grupo Gamma-. Desde el episodio hasta iniciar el tratamiento, no pasaron más de dos horas. Cuando llegué al Sanatorio Los Arroyos, la doctora y su equipo ya me estaban esperando. Teniendo el diagnóstico de un ACV isquémico, se actuó con la rapidez que requieren estos casos. De esa forma, evitaron que quede con secuelas para el resto de mi vida.

¿Qué recuerda del tratamiento?

J.H.: Nunca tuve dificultades para respirar, pero tenía inmovilidad en partes del cuerpo. Cuando llegué al Sanatorio Los Arroyos, la pierna izquierda era débil y al brazo izquierdo, tenía que agarrarlo con el derecho porque estaba desconectado del cuerpo, como si no fuera mío. La cara, también, sentía que el lado izquierdo se me había caído. Una cosa increíble, de manera instantánea.

El tratamiento fue rápido y totalmente indoloro, no sentí nada. Lo primero que recuerdo es a la Dra. Bruera alentándome para mover los dedos de la mano. Hacía mucha fuerza, pero no podía. Mientras tanto, ella me suministraba una medicación y de a poco pude moverlos.

Siempre estuve consciente pero no percibía la medicación. Solamente noté los cambios cuando empecé a mover nuevamente la mano, a sentir los gestos faciales en la cara y hablar mejor.

Al otro día ya estaba bien. Igualmente, estuve en observación 48 horas. Después, me fui a mi casa. Estuve tres o cuatro días más con controles y luego inicié vida normal. Con una medicación, lógicamente.

Luego de su experiencia, ¿Pudo detectar alguna alerta previa al ACV?

J.H.: Tuve un episodio totalmente repentino, un accidente. No hubo síntomas ni detonantes, pero existen factores de riesgo. Tiene relación con el colesterol, por ejemplo. En mi caso, pude descubrir que el colesterol normal estaba elevado, pero no de modo exagerado.

Otro factor de riesgo es el estrés. A pesar de que uno crea que es secundario, atravesar ciertos problemas familiares o laborales también predisponen.

¿En qué cambió su vida luego del ACV?

J.H.: Por un tiempo, no podés dormir. Sí o sí se precisa apoyo psicológico para aprender a aceptar ciertas cosas, que uno no puede manejar y generan angustias. A partir de un evento así, uno acepta todo, escucha y empieza a hacer cosas que antes no podía o las dejaba para más adelante. Por ejemplo, tenía pendiente un viaje a Europa y siempre lo postergaba. Ahora, ya fui dos veces. Uno se da cuenta que por más bien que se sienta, nada está asegurado.

“A partir de un evento así, uno acepta todo, escucha y empieza a hacer cosas que antes no podía o las dejaba para más adelante.”

¿Cómo es su día a día?

J.H.: Actualmente, tomo una medicación. Estoy antiagregado y anticoagulado. Además, tomo una pastilla para el colesterol y un ansiolítico. Nunca en mi vida había tomado pastillas, pero ahora me tocó. Es parte del tratamiento para toda la vida, pero tampoco es nada tan complicado, mucho menos en comparación a las secuelas que podrían quedar.

A pesar de que tomo todas esas pastillas, mi presente es mejor que antes del ACV porque todo se valora más. Te hacés menos problemas por temas que antes te parecían intolerables. Disfrutás más de lo sencillo. Respecto a mi entorno, incluso, empecé a prestar mucha más atención, a tratar de ser más cálido con la gente que uno recibe. Te das más permisos y tiempos.

Eso de creerte superpoderoso y si no estás nada funciona, no sirve. En cualquier momento, podés dejar de estar y las cosas siguen andando. Sinceramente, me sorprendo de lo que viví y cómo es mi presente. Muchas veces uno se pregunta el porqué de las cosas. Pasó porque tenía que pasar y acá estoy, mejor que antes.

Para cerrar, ¿Qué mensaje le gustaría trasmitir?

J.H.: Un ACV hoy se puede tratar, puede revertirse. No se termina el mundo y después, muchas veces, comienza uno mejor. Ante estas situaciones, aparecen todos los amigos y familiares. Todos te apoyan para salir adelante. A mí, cuando me pasó, me ayudó un montón de gente.

“Una vez instalado el cuadro, a cualquier persona que tenga un ACV, le recomiendo que se mueva con suma rapidez.”

Una vez instalado el cuadro recomiendo que se mueva con suma rapidez. Que haga el diagnóstico lo más temprano posible. Que tenga a algún médico de confianza y siempre se debe tener a mano el teléfono de un centro especializado.


El Hospital Privado de Rosario (HPR) está situado en Pte. Roca 2440. Si desea contactarse, puede hacerlo telefónicamente: (0341) 489 3500, de lunes a viernes de 8 a 20hs y sábados de 8 a 12hs. También, a través del sitio web: www.grupogamma.com.

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Un comentario
  1. Fernando Gonzalez dijo:

    Mis agradecimientos al Hospital Privado de Rosario por permitirme asistir a la charla ACV.
    En particular a la Dra. Guadalupe Bruera. Su amplio conocimiento y forma de explicar en detalle las diferentes preguntas formuladas por los oyentes, hace que la información claramente llega a ser entendida por cualquier persona.
    Desde mi punto de vista, una experiencia muy productiva.
    Gracias.

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